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Mariel,
A vos te hice cosas que quizás al adjetivo fascista
les cairian como un guante perfecto.
Obviamente a un fascista no hay nada que se le pueda perdonar.
No se busca un perdón imposible.
Solamente espero que, a diferencia de un fascista,
todavía exista en mí el reconocimiento de los actos cometidos
y el deseo de que lo sepas.
Ojalá no haya logrado sacar de tu vida la alegría de vivir.